Cómo Cuidar a los Ancianos en Casa

El ciclo de la vida es inexorable y alcanzar la tercera edad es un privilegio del cual no todos disfrutan.

Para atravesar esta etapa se requiere en mayor o menor medida de ayuda, entre otras cosas porque las facultades mentales y físicas ya no son las mismas.

Quienes tienen la responsabilidad de cuidar ancianos deben conocer todo lo que implica. No es un trabajo fácil, pero tampoco es imposible.`

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Son muchas familias las que eligen sacar adelante estas tareas, en muchos casos porque económicamente cualquier otra opción es inviable.

También ocurre que al decidirse no se priorizan consideraciones de orden monetario, sino que lo que se quiere es que la persona mayor permanezca en casa, con su familia.

Después de todo, más allá de clichés y frases prefabricadas, no hay lugar como el hogar.

Sobre todo, cuando se trata de rincones llenos de vivencias y anécdotas. De paredes que vieron crecer a familias enteras, donde se incluyen hijos, nietos y hasta bisnietos.

Con quiénes se cuenta

Si el plan es no trasladar a los abuelos hasta hogares de retiro y residencias, y que el grupo familiar asuma el cuidado, hay que saber exactamente con quiénes se cuenta.

Es decir, quiénes estarán implicados, porque no todos disponen del mismo tiempo y algunas responsabilidades laborales son difícilmente conciliables con la vida personal.

Es importante la franca comunicación entre todos los involucrados. Del mismo modo, se debe asumir que eventualmente se pueden presentar desencuentros y desavenencias. 

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Necesidades básicas

No todos los casos son iguales. Si bien hay circunstancias comunes, aún en la tercera edad cada persona es un mundo aparte.

Al cuidar ancianos en casa es importante identificar todas las necesidades básicas que requieren ser cubiertas. 

Empezando por lo más básico, como la alimentación y el aseo.

Después que el cumplimiento de lo ordinario quede establecido, toca revisar lo extraordinario. Las medidas extras, de acuerdo a las condiciones particulares del abuelo o de la abuela.

Apoyo externo

El primer aliado es el médico de cabecera de la familia, el especialista que conoce el historial médico del adulto mayor.

Con el avance de la edad, es normal que aún quienes mantienen buenos indicadores de salud deban enfrentarse a los deterioros propios que esta etapa trae consigo.

Lo que implica el consumo de algunas medicinas. un aspecto sobre el que se debe tener especial cuidado.

De igual forma, partiendo nuevamente de las condiciones particulares, recurrir a la asistencia de servicios de enfermería puede que no sea un simple lujo. Lo mismo sucede con fisioterapeutas y terapistas ocupacionales.

Rutinas diarias para cuidar ancianos

El establecimiento de rutinas diarias de actividades solo trae ventajas. Por una parte, es una buena manera de controlar que todas las necesidades estén realmente cubiertas.

Al mismo tiempo, se ofrece seguridad al anciano.

Para ello hay que tener claro qué actividades realizar, según el momento del día, le permite mantener bajo control el estrés, la ansiedad y hasta el aburrimiento (Ver Ejercicios de Memoria para personas Mayores).

Este ‘libro de rutinas’ (que en efecto puede un libro, un cuaderno o una libreta; también una aplicación digital, si la persona tiene dominio sobre gadgets como Smartphone) debe incluir todo.

Desde lo más básico, como las horas de todas las comidas (incluidas las meriendas) o los momentos para ir del baño. Hasta lo eventual o extraordinario, como los paseos familiares o salidas con amigos.

Atentos con las funciones básicas

Parece una tontería, pero no lo es. Algunos abuelos pueden llegar a molestarse, pero sus cuidadores deben asegurarse que sus visitas al baño para orinar y defecar no solo son regulares, tienen que ser exitosas.

Para ello, lo más fácil es preguntar. Llegará el momento que el interrogado se lo tomará con naturalidad e incluso informará del tema antes que le interpelen.

Las medicinas, fuera del alcance

Guardando las distancias que impone la edad, la convivencia con ancianos presenta algunas semejanzas con tener niños en casa. Una de ellas es el extremo cuidado con el manejo de las medicinas.

En líneas generales, deben estar fuera del alcance hasta el momento que ‘el libro de rutinas’ lo tenga establecido. Así mismo, hay que llevar un control riguroso. Bien sea en una libreta exclusiva para ello, a través de pastilleros (ver pastilleros semanales desechables) o de igual forma digital, valiéndose de una app móvil. Delegar en el adulto mayor la administración de sus dosis es una muy mala idea.

Casa segura

La vivienda debe estar adecuada para que un anciano se mueva a través de ella con seguridad.

La buena iluminación es fundamental, lo mismo que eliminar cualquier obstáculo. En ocasiones, un pequeño desnivel en el piso por una alfombra mal colocada puede tener nefastas consecuencias.

Especial atención hay que tener con la sala de baño. Estadísticamente hablando, esta es la zona más peligrosa dentro de una casa para un adulto mayor. Por ello es necesario aplicar un decálogo básico de medidas:

  • Una silla para el baño con el propósito que tome sus duchas sentado es un buen plan, así como elevadores de wc.
  • La ducha debe contar con una barra fija en una pared, colocada a la altura del ombligo de los abuelos (Asideros para baños).
  • El piso hay que recubrirlo con tiras antideslizantes.
  • Valerse de jabón líquido y eliminar por completo las presentaciones en barra.

Dieta balanceada y con sabor

Es común que, por imposición médica, las dietas de este grupo de personas sean muy restrictivas.

Sin importar de cuantos ingredientes se deba prescindir, las comidas tienen que ser siempre sabrosas. Agradables al gusto y también a la vista.

Prepararse para todo

Aún los planes más elaborados y mejor planificados son susceptibles a la aparición de sorpresas e imprevistos.

Cuando se trata de cuidar ancianos, estas estadísticas se elevan considerablemente. Por ello hay que estar listos para afrontar lo no previsto

Amor y paciencia

Dos elementos necesarios para poder acometer esta labor con éxito. Es importante considerar que las rabietas y quejas frecuentes pueden ser mecanismos de defensa ante determinadas situaciones.

A muchas personas les cuesta admitir que están perdiendo facultades, mientras que otros tienen problemas para expresar cuando algo les causa incomodidades.

En ocasiones, ni siquiera consiguen identificar lo que les molesta.

Cuidados para el cuidador

Es imposible cuidar a otra persona si no se goza de buena salud. Un aspecto que va más allá de lo físico, también incluye a la mente.

Los cuidadores necesitan de tiempo a solas para sí mismos, así como de disfrutar de actividades lúdicas.

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